No hay datos certeros pero es probable que el profesor de Literatura de Ricardo Arjona experimente, con alguna frecuencia, cierta confusión, mientras que el de Contabilidad se ufane a diario de haberlo instruído para millonario. O tal vez, ambos se rindan ante la evidencia y simplemente disfruten de haber estado cerca de alguien que fue un niño como tantos y hoy es una celebridad a escala continental.
Es verdad que, a diferencia de otras estrellas, el muchacho nacido en Jocotenango tiene muchos seguidores culposos de esos que lo escuchan en soledad y ocultan sus compactos debajo del de autores menos controvertidos.
También es cierto que así como hay miles que llenan estadios para oírlo cantar, otros muchos han desarrollado por él una animadversión que excede el universo de la música. A tal punto lo rechazan que se han tomado el trabajo de convocar a una marcha mundial en su contra que se realizará el 4 de setiembre y cuya consigna es “no más poesía falsa”.
Los organizadores reparten su ¿furia? en cuatro páginas de Facebook en las que afirman que llevan ya dos años movilizados en pos de erradicar de la faz de la tierra la producción del guatemalteco. Lo tratan de “zalamero de viejas” y “maltratador de mujeres” pero no ofrecen ni una sola pista acerca de lo que consideran “poesía verdadera”. Tampoco se animan a reproducir ni uno de los versos arjonianos que los han sacado de quicio.
Salvo que se termine descubriendo que estamos ante una monumental campaña de marketing, llama la atención la bronca que han desarrollado para afirmar que "si quieren vivir una vida plena y feliz no escuchen a Arjona. La felicidad es una decisión" e invocaciones celestiales del tipo “Señor devuélvenos a Cerati y llévate a Arjona”.
Aunque no parece demasiado justo analizar alguna estrofa aislada porque ese ejercicio puede arrojar resultados insatisfactorios aún cuando el objeto de estudio sea un artista incuestionable, es habitual que las críticas al autor de “Te conozco” se basen en la discutida matriz poética de algo como “dime que no/y lánzame un si camuflageado/clávame una duda/y me quedaré a tu lado.”
Si uno ha entonado junto a otras 25 mil personas y a grito pelado esa parte, que es el corazón de “Dime que no”, sólo puede experimentar una admiración ciega por alguien que se anima a emplear en una canción la palabra “camuflageado” y como si fuera la cosa más natural del mundo, consigue que la canten con él.
También es posible que lo de “falsa poesía” aluda a la inclinación de RA por exprimir las comparaciones literarias y reducirlas a auténticos mazazos después de haberles quitado a trompadones cualquier reminiscencia poética. De nuevo los que piensan así, están dejando de considerar el coraje indómito que hay que poseer para animarse a experimentar con algunas figuras literarias.
Tal vez Ricardo temió que no entendieran su concepto de la soledad si no era brutalmente claro y por eso lo dijo así: “Y hoy estoy solo como un niño en un asilo de ancianos/solo como un anillo para un hombre sin manos/solo como Fidel, caminando por la acera del Wall Street/Solo como Octavio Paz en una disco de moda/solo como se siente sin amantes la alcoba.”
Quién, si no él, podría vender discos hasta hartarse con un tema en el que cita al líder de la revolución cubana y a un premio Nobel de literatura, treinta segundos después de aclarar que se siente solo “como un anillo para un hombre sin manos”. Y lo más fantástico es que uno se aprende el tema y lo canta mucho antes de empezar a preguntarse si quizá no estará haciéndole el caldo gordo a un cultor del humor negro.
No sería extraño que los impulsores de la marcha del 4 de setiembre objeten que el tipo haya engrosado su cuenta bancaria con una oda a la menstruación (“De vez en mes con tu acuarela/Pintas jirones de ciruelas/ Que van a dar hasta el colchón”) o que se haya atrevido a juntar a Abraham Lincoln , Vladimir Ilyich Lenin , Fidel Castro y Bill Clinton en una ¿sencilla?canción romántica titulada “Ella y el”, concebida para proclamar el triunfo del amor entre una cubana, Teresa, y un yanqui republicano, John por encima de las fronteras ideológicas y geográficas.
En tren de arriesgar motivaciones, algunos podrían haber perdido la cordura por aquello de “tu reputación son las primeras seis letras de esa palabra”, pero sólo si no han permanecido el tiempo suficiente en la canción para comprobar el interesante remate que le dio al tema, en su propio beneficio: “ No es dama la que se abstiene/dama es la que se detiene/cuando encuentra lo que tu encontraste aquí”. Y, ya se sabe, lo que encontró la chica en cuestión es a él.
Y mientras los anti –arjona se convocan para desacreditarlo, él vende discos como si fueran pan caliente, multiplica clubs de fans y llena estadios. En 2002, dos años antes de que Tony Scott dirigiera a Denzel Washington y Dakota Fanning en “Hombre en llamas”, el responsable de “Señora de las cuatro décadas” grabó “La nena” (bitácora de un secuestro), un tema que es, con pequeñas diferencias, el guión de la película.
“De quien es el auto que espera dos cuadras al sur/armada con libros de texto la lleva el chofer/mamá la despide en la puerta agitando los brazos/la nena tiene nueve años como iba a saber/que hace más de cuatro meses que le siguen los pasos/y el auto que espera a dos cuadras enciende el motor”.
Denostado por el empleo de metáforas que difícilmente un docente admitiría en un chico de tercer año, él sigue acumulando éxitos y, de vez en cuando, hasta se permite alguna perla blanca como en “Iluso” (Estoy solo como tu, fulana/
te invito a estrenar la luz, mañana) que al menos marcan algún tipo de evolución con respecto a la literalidad de “Más dificil que una flor plástica marchita/olvidarte es más difícil que una flaca en un Botero/que encontrarse a un gato verde, o a un cubano sin sabor”.
Proclamado rey de la rima fácil (y obvia), uno no ignora que está condenado a la perpetua objeción de los puristas de la lengua, pero sabe también que cuando la luz del reflector lo busca y ensaya No se quien las inventó/..no sé quien nos hizo ese favor/tuvo que ser Dios… el público se rinde a sus pies. Y a los críticos les queda el árido camino de la queja.