Catástrofe
27/03/2025 | 09:07
Redacción Cadena 3
La ubicación montañosa de Los Rodeos, propensa a cambios climáticos, jugó un papel letal. Una densa niebla cubrió la pista minutos antes del choque, reduciendo la visibilidad a casi nada. Las tripulaciones de ambos aviones no pudieron verse hasta el último segundo, haciendo imposible evitar la colisión.
/Inicio Código Embebido/
/Fin Código Embebido/
Fallos en la comunicación fueron cruciales. El capitán de KLM malinterpretó las instrucciones de la torre, creyendo tener permiso para despegar. Interferencias en la radio y el uso de frases no estándar generaron confusión. La torre no supo que KLM avanzaba, mientras Pan Am aún maniobraba en la pista.
El capitán de KLM, bajo presión por cumplir horarios, decidió reponer 55.000 litros de combustible antes de despegar, aunque no era necesario. Este peso adicional dificultó la maniobra de despegue rápido que pudo haber evitado el choque. La prisa, combinada con una autorización malentendida, selló el desastre.
La cultura de los años 70 desalentaba cuestionar al capitán. Aunque el copiloto y el ingeniero de KLM dudaron de la decisión de despegar, no insistieron con firmeza. Este ambiente rígido permitió que el error del capitán avanzara sin corrección, dejando a Pan Am sin tiempo para escapar.
Cinco errores encadenados —desvío, niebla, comunicación, prisa y jerarquía— desataron el infierno en Tenerife. Tras el accidente, la aviación reformó sus reglas: inglés estándar, términos claros y trabajo en equipo en la cabina. Estas lecciones, forjadas en la pérdida, salvaron incontables vidas desde entonces.
/Inicio Código Embebido/
/Fin Código Embebido/Te puede Interesar
Tragedias en el aire
Consideran que no hay colapso del sistema, pero sí vulnerabilidades que requieren atención urgente. Errores humanos, condiciones operativas extremas, posibles fallas mecánicas y decisiones políticas.